Querido, Ángel de la guarda:
Es muy significativo para mí poder desahogarme y expresar en tan pocas páginas, la experiencia que vivo, desde hace doce años, con un ser realmente especial y valiente, definitivamente un superángel, quien tiene que enfrentar a parte de las dificultades propias, también, los problemas internos de los seres que mas ama. Se trata de la hoy adolescente, Ana Gabriela, quien le decimos cariñosamente Gaby. Nos une un parentesco por afinidad, aunque es una hija añadida por la vida, de mi esposo en su primer matrimonio. Me dice tía desde que la conocí en el año 1997, y es lo máximo que puedo esperar de ese sentimiento regulado y comprometido.
Removiendo ese hermoso pasado, cuando mi pretendiente del momento me invitó a la playa con ella, un domingo del mes de mayo, al recogerme en mi casa, se baja una niña bella, gordita, sonriente y corriendo con evidentes dificultades, porque ella no caminaba, corría con la punta de los pies, pegando las piernas y los brazos estirados para alcanzar el equilibrio deseado. Recuerdo con nostalgia la inocencia de esos momentos, sobre todo ahora, que veo a mi hija Antonela, que tiene esa edad (4.5 años) y se asemeja mucho a su aspecto físico de entonces. Inmediatamente le brindé mi amor y cariño, que no es nada difícil, porque ella se lo sabe ganar rápido con su carisma, de quien la conozca.
Empezamos a compartir mucho los tres, su padre inteligentemente, me transmitía todas las cosas buenas y deseos que tenía hacia ella, sobre todo su intención de que algún día, viniera a vivir con él porque su mamá no le comprendía su problema, no le prestaba atención y aunque estaba con ella, a veces la tenía abandonada en guarderías o con la abuela materna. En el transcurso de la relación de novios descubrí muchas fallas que rodeaban la vida de Ana, determinando que no era especulación del padre, por tanto me propuse investigar mas sobre la raíz de sus problemas visibles e invisibles para poder entender mejor la situación y de alguna forma poder ayudar a ambos.
Recopilando información del padre, expresaba que: “Conoció a la madre de Ana y al cabo de tres meses de estar juntos, exactamente en enero de 1992 se enteró que estaba embarazada la noticia fue sorprendente, no estaba en sus planes, pero se preguntó, ¿Qué voy a esperar?, tengo mi empresa, un apartamento alquilado, mi carro, estoy estable, entonces me caso. Así fue se casaron y siguieron viviendo en la isla de Margarita, donde transcurrió felizmente el embarazo, hasta el mes de agosto del mismo año cuando ella se trasladó a la ciudad de Cumaná, donde residía su mamá, quien podía atenderla y cuidarla después del parto. Por razones personales del doctor que la atendía y por conveniencia o inmadurez de la madre acordaron la cesárea para el 19 de agosto del 1992, evento del cual la suegra no estaba de acuerdo, porque le decía que era muy pronto, que esperaran; era una decisión asertiva y buena de la doña hacia la hija, pero una vez más ella le desobedeció y llevó la contraria, generando las siguientes consecuencias.
Nació la niña el día dispuesto, con un peso aceptable, pero con los pulmones aun sin madurar, entonces hubo que hospitalizarla por un tiempo para madurarla y allí se infectó con otro bebé que murió por una asepsia, estuvo al borde de la muerte en terapia intensiva durante treinta días o mas, cuentan que, probablemente porque no existe un informe médico del caso, allí la niña perdió oxigeno al quitarse la máscara en uno de los manotazos que daba por aferrarse a la vida, hecho este que ocasionó la parálisis cerebral establecida. Cuenta su abuela paterna que al salir de la crisis se la llevó a Caracas para que la viera el mejor médico infectólogo que había, quien le dijo al verla, quiéranla mucho, recen y bueno si Dios lo permite la vemos dentro de un mes, la niña pesaba 1,5 kg, la abuela paterna y la mamá la cuidaban, ella le daba pecho toda la noche, dormía de día mientras la abuela la tomaba, le limpiaba las escaras formadas y le exprimía agua de coco con un algodón en la boca para hidratarla, ¡Esa muchachita tenía tantas ganas de vivir!, exclama, que se recuperó y era una bebé hermosa, querida, protegida por su papá, su mamá y por toda la familia.. (Después de oírles conmovida, me preguntaba internamente, qué pasó?, porqué su mamá cambió?).
Aquí viene parte de la respuesta, se regresaron a la isla de Margarita donde residían, a empezar su nueva vida, la niña crecía y comenzaba a manifestar su retraso en el gateo, hablar y caminar, entonces comenzó su paseo por algunos especialista en la isla, así como también empezó su va y ven por cuanta guardería y ténmela hay que existía, puesto que su mamá comenzó también, en ese tiempo a trabajar, cosa que le quitaba todo el día, no tenía tiempo para atenderla.(lo triste es que desde que la conozco no le alcanza tiempo en su agenda para incluir justamente a su hija.). Hubo en ese entonces (año 1995), una serie de problemas que envolvieron la relación de tal forma que terminaron en divorcio, cuenta el padre que con el dolor de su alma porque el quería seguir con el matrimonio por la niña, a pesar de que por el motivo de la ruptura, él fue el mas afectado, pero ella así lo determinó y se separaron”
De allí en adelante, comenzó la niña a viajar entre Margarita y Cumaná, porque su mamá como necesitaba espacio para rehacer su vida, se la enviaba a la abuela materna y que para estabilizarse, (bueno eso era antes, porque después que me uní al individuo en cuestión, nos la enviaba a nosotros hasta como una letra de cambio, sin aviso y sin protesto). El hecho es que, por todas esas razones, por el amor que le tengo a mi pareja, por ser una mujer de principios familiares y por tener guardado unos sentimientos maternales que ya era hora de expresar, fue que acepté en el año 1999, cuando me casé, que la niña viniera a vivir con nosotros en Cumaná, donde por el trabajo de mi esposo residíamos en ese momento. La rescatamos de manos de su abuela materna, quien la quiere mucho, pero también la tenía en una guardería todo el día y la sobreprotegía tanto que igualmente le hacía daño porque no le enseñaba a evolucionar, la bañaba, vestía y hasta le daba de comer en la boca como a una bebe de un año.
Todo empezó muy bien, la madre de la niña aceptó, fue fácil porque interfería en ese momento con su relación de pareja y su nueva bebé de dos años. Así, comenzó mi carrera de ser mamá, era un reto para mí, parecía sencillo y la niña se merecía amor y verdadera atención, que en ese tiempo no solo lo demandaba si no que virtualmente lo aceptaba. Nunca imaginaba lo fuerte y difícil de la relación, ni siquiera por las limitaciones en sí de la niña, porque para eso siempre he buscado especialistas e instituciones que me ayuden a asistirla y mantenerla ocupada en actividades acorde con su desarrollo y bienestar. Sin embargo, mi mayor pesar ha sido el enfrentar la inconformidad, egoísmo, ironía, repudio, y lo mal agradecido de su familia (dándome ánimo, mi esposo dice que no las tome en cuenta, que mi labor es con la niña), es cierto por eso siempre he continuado los objetivos trazados, pero nadie comprende el dolor que siento cuando la niña se ha dejado manipular de la misma forma por esos seres que ama, a quienes les cree infinitamente lo que dicen y hacen como la mejor voluntad hacia ella.
Bueno, ese dolor del alma por tanta injusticia, es peor que un dolor de parto, que aunque revuelca, porque es muy intenso y desgarrador, se presenta una sola vez y se quita para dar felicidad, en cambio esto que siento es perenne, frustrante y desesperanzador. Voy a tratar de resumirlo en las líneas que faltan: La abuela materna de la niña es el peor de los personajes, no supo criar a su hija, y no tolera, ni acepta el destino de su nieta. La he visto tantas veces insultar y maltratar al papá delante de la niña, sin justa razón, me quedaba paralizada, sin respirar, pensando que quizás le quiere cobrar a él de cualquier manera lo que la vida no le ha dado. Por otra parte, ésta doña lo que hace es manejarla con el sentimiento de culpa, llenándola de ropa, zapatos y cuanta vaciedades exista en este mundo, con tal de tapar la ineficiencia e inoperancia de la madre, también para no enfrentar la realidad del asunto. Su mayor esfuerzo es indisponernos con la hija y con la nieta, su inseguridad de que la hija pierda el amor de la niña es tan grande, que ha contribuido a separarnos por cierto tiempo para nada, porque al final del cuento siempre la regresa, ya que su mamá no puede sobrellevarla.
Compasión, es lo que siento hacia la madre, que no valora ese tesoro que Dios le dio, tan inteligente, luchador y con un espíritu tan divertido, que le da fuerza hasta el mas deprimido. Después de analizarla, determino que es otra victima de una cadena de arrogancia que viene de familia. No entiendo porque razón pasa tanto tiempo sin llamarla, nunca le pedimos nada, tan solo su muestra de cariño, casi le rogamos que por favor la llame todos los días para mantenerla calmada, recuerdo cuando tenía 10 años y vivíamos en Puerto La Cruz, llego a pasar hasta un mes completo sin llamarla, la niña se comía las uñas de las manos y hasta de los pies, no encontrábamos la forma de compensarla, esa situación desestabilizaba mi relación de pareja porque yo era quien sufría directamente mientras el papá trabajaba.. En fin, la mamá no termina de comprenderla, aceptarla, y corresponderle al amor que ella demanda, hay momentos que le entra el espíritu maternal y se manifiesta como debe, pero a veces lo hace solo para buscar culpables en otra parte y no para reconocer que es ella la del verdadero problema.
Por otra parte Gaby, se forma un mundo tan irreal al lado de una madre perfecta que está solo en su imaginación, camina, respira y vive por ella, a veces todo lo importante que yo le hago lo refleja como que fuera su mamá, y lo que rechaza o molesta de la madre lo refleja en mí como que fuera la culpable de su pena. Actualmente, es una hermosa señorita de 16 años, a nuestro lado aprende las cosas básicas para manejarse en la vida, sabe leer y escribir, sabe hacer algunas labores del hogar con sus altibajos claro, pero las hace. Camina todavía con dificultad, aunque fue operada a los siete años de cadera, aductores y tendones por el Dr. Posada en Caracas para mejorar su marcha, lo importante es que sabe defenderse. Desde septiembre del pasado año (2008), la inscribimos en un curso de auxiliar de preescolar en IRFA (Fe y Alegría), gracias a una amiga que es la coordinadora, hoy dia está haciendo sus pasantías en un colegio público excelente, cuya directora la recibió también, con los brazos abiertos porque la conocía cuando buscábamos a su hermana Antonela. Está súper contenta con sus logros, asimismo la inscribí en la coral manos blancas y mundo sin barreras que cantan con lenguaje de señas, al lado de la orquesta sinfónica del Estado Nueva Esparta, la acompaña mi otra hija Valeria de 8 años, quien la incentiva y ayuda a mantenerla con la mente y el espíritu ocupado para que no piense en los desdenes de su vida.
La lucha continua, gracias a Dios…
YACIRIS AMELIA MARCANO